La Inquisición

El lado oscuro de la iglesia
Jesús de Galilea había dicho: “No he venido a abolir la Ley, sino a consumarla.” Las primeras comunidades cristianas practicaban el amor como forma de vida, en la solidaridad y el espíritu de las Bienaventuranzas. Sería otra la Iglesia a partir del Edicto
La Inquisición
Sello: Lumen
ISBN: 978-987-00-0853-8
Páginas: 384
Año: 2011
Autor: Primitivo Martínez Fernández
Disponibilidad: Agotado
Precio: u$21
Cant.:  

Jesús de Galilea había dicho: “No he venido a abolir la Ley, sino a consumarla.” Las primeras comunidades cristianas practicaban el amor como forma de vida, en la solidaridad y el espíritu de las Bienaventuranzas. Sería otra la Iglesia a partir del Edicto de Milán (año 313), cuando el emperador Constantino la reconoce como religión oficial y la utiliza, a cambio de ese reconocimiento y de la concesión de riquezas, para vertebrar su extendido Imperio. Hábil político, compra las voluntades de los obispos y los utiliza como jueces, incluso en causas civiles, y les otorga poder político. Ambos poderes, en connivencia no exenta de luchas hegemónicas, con tendencias, matices y tonalidades teocráticas, restringen, cuando no eliminan, la libertad de conciencia del ser humano. Su clímax lo alcanzarían en los inicios del siglo XIII, cuando el papa Gregorio IX establece la “Santa Romana y Universal Inquisición”, cuyo fin sería “desarraigar la herejía donde quiera se encontrara”. Desde entonces, sería la ortodoxia, o la recta doctrina, el arma arrojadiza que el Santo Tribunal utilizaría para fortalecer su poder sobre obispos y reyes, para regular y controlar al ser humano en todas sus facetas de la vida, y que también reyes y príncipes usarían para ignorar derechos y reclamos, fueros y libertades de sus ciudadanos. Tampoco la ciencia se escaparía de su efecto devastador; así lo confirman las listas de los Índices de libros prohibidos, y los notorios casos de Miguel Servet, Copérnico, Giordano Bruno, Galileo, entre otros. El Santo Tribunal extendió sus tentáculos hasta el siglo XIX. Este apasionante libro, al contar esa larga historia, se constituye, quizá sin pretenderlo, en un cántico a la libertad de conciencia del ser humano.

 

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