Violeta H. de Gainza conversa con Eduardo Pavlovsky

Serie: Puentes hacia la comunicación musical
En este diálogo, Eduardo Pavlovsky, médico psiquiatra, escritor y dramaturgo argentino, plantea su sentimiento de torpeza y sordera musical para descubrir caminos a fin de superar los prejuicios y temores que paralizan a muchas personas en su vínculo con
Violeta H. de Gainza conversa con Eduardo Pavlovsky
Sello: Lumen
ISBN: 950-724-652-5
Páginas: 48
Año: 1997
Autor: Violeta Hemsy de Gainza
Disponibilidad: Disponible
Precio: u$4,10
Cant.:  

Serie: Puentes hacia la comunicación musical Eduardo Pavlovsky es médico psiquiatra, escritor, intérprete y director teatral argentino de renombre internacional. Fundó en 1962 el Movimiento Psicoanalítico en Latinoamérica y en 1971 el Grupo Plataforma. Dirige actualmente en Buenos Aires el Centro de Psicodrama Grupal. Eduardo Pavlovsky, con su conocido apasionamiento, nos permite introducir una mirada en su mundo sonoro interno. Más aún, expone abiertamente algunas de sus obsesiones -el teatro, el hijo, la música- sin ocultar las contradicciones que marcan su particular relación con la música: amor, temor, respeto, valorización, crítica, lo posible y el nunca más... Todo junto y con el mismo compromiso con que acostumbra abordar su labor teatral. Nos advierte -entre bambalinas- que él es un verdadero "sordo" musical, pero enseguida se contradice cuando ejemplifica entusiastamente, con gestos, acciones y palabras, aquello que con absoluta seguridad denomina la "musicalidad" de su discurso teatral. Apenas un instante después de haber expresado su queja y su frustración por la falta de una educación musical en la infancia, nos manifiesta exaltado sus observaciones sobre el ritmo musical del teatro. A la decepción por la torpeza de su oído, contrapone el orgullo por la potencia y amplitud de la voz... Deseamos sinceramente que este diálogo contribuya a "multiplicar" -para usar una terminología pavloskiana- los puentes hacia la comunicación musical, a volver más claros y precisos, más conscientes, los delicados hilos que nos ligan a los humanos con el sonido y la música. Y, si fuera posible, tender de este modo una trampa definitiva al mito de la música idealizada, prohibida e inalcanzable.

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